Denominamos «antecedentes» a la etapa de la Humanidad anterior a los tiempos históricos; esto es, los grupos humanos y culturas de la Prehistoria y Protohistoria que no conocieron la escritura propiamente dicha.
Resulta por ello complejo determinar con exactitud las primeras prácticas médicas anteriores a las civilizaciones históricas surgidas en Egipto y Mesopotamia. Solo imágenes talladas sobreviven el paso del tiempo.
Tumba de Ankhmahor reproduciendo manipulaciones en diferentes partes anatómicas.
Para aquellos sanadores prehistóricos, el enfermo sanaba con frecuencia de forma espontánea o bien a través de métodos empíricos, ajenos a fundamentos científicos actuales.
Asimismo, confiaban con frecuencia en recursos mágicos heredados de su tradición oral y escrita, sujetos a modificaciones que dependen de lo que el terreno que les rodeaba pudiera ofrecer. Esta medicina se afianza con la civilización griega, personalizada principalmente en Alcmeón de Crotona e Hipócrates de Cos.
Por ello, las principales técnicas sanadoras utilizadas en esta medicina empírica abarcan desde sencillas curas, aún empleadas por los escasos pueblos indígenas que subsisten en la actualidad, como las suturas de heridas, la reducción de fracturas, la aplicación o ingesta de hierbas medicinales e incluso la trepanación craneal.
Trepanaciones en el hueso frontal
Centrados en la terapia física propiamente dicha, son tres los agentes naturales utilizados con fines terapéuticos durante esta etapa histórica: el calor, el movimiento y el agua.
De esta forma, nuestros lejanos antepasados se aplicaron termoterapia de forma rudimentaria, masajearon sus zonas lesionadas y tomaron baños en las aguas, charcas y lodos de los que, en conjunto, supieron sacar provecho.