Médico, cirujano y filósofo griego, Galeno de Pérgamo nació en el año 129 d. C. en una de las ciudades más importantes de la Antigüedad. Tras formarse en Medicina, llegó a Roma, donde desarrolló gran parte de su actividad y donde falleció alrededor del año 216 d. C., convirtiéndose en el médico más famoso e influyente del Imperio romano.
Considerado uno de los grandes investigadores médicos de la Edad Antigua, sus conocimientos marcaron el pensamiento médico occidental durante siglos, llegando a convertirse en la referencia principal durante la Edad Media.
Galeno defendió la importancia del estudio anatómico como herramienta fundamental para comprender el cuerpo humano, la observación clínica y el registro detallado de los síntomas de sus pacientes, elementos que contribuyeron a una medicina más sistemática y racional.
Influenciado por la doctrina hipocrática, sostuvo que la salud dependía del equilibrio entre la sangre y los distintos humores del organismo, una teoría que dominaría la medicina durante muchos siglos, pero su legado también está ligado al tratamiento mediante el movimiento y los agentes físicos. Galeno describió técnicas de tracción aplicadas a las deformidades del raquis y utilizó la masoterapia en el tratamiento de dolencias musculares y articulares. Para ello empleaba una preparación elaborada con aceite vegetal, agua y cera de abejas, considerada por algunos autores como uno de los primeros antecedentes de las cremas terapéuticas.
Además de la masoterapia, incorporó otras terapias físicas como la hidroterapia, la cinesiterapia y la termoterapia, estableciendo pautas de ejercicio con finalidad terapéutica. Sus aportaciones representan uno de los primeros pasos hacia la comprensión del ejercicio y los agentes físicos como herramientas esenciales para recuperar y mantener la salud.